En la cultura que hoy denominamos occidental el concepto del tiempo se ha establecido como estructura que rige nuestras vidas, es fijo, es incambiable. Un pilar en nuestra sociedad que no permite variación y ata a todos hacia él. Es la causa y también el efecto. Es irrompible porque se regenera. El tiempo crea tiempo porque es infinito. La irrefutabilidad del paradigma temporal de nuestra cultura se debe a que, en términos generales, este concepto es una construcción bilateral de dos ejes, el espacio y el tiempo como unidad individual. Uno se apoya en otro y amalgamados constituyen aquella aura que nos mantiene estáticos en un mismo lugar, guiando nuestras acciones y nuestros pensamientos. Ambos ejes deben convivir y explicarse uno al otro porque por si solos se caen. Juntos abarcan dos áreas necesarias para su comprensión social. Lo temporal alimenta la necesidad de un orden general y lo espacial una necesidad interna de cada individuo para corroborar su existencia.
En cuanto a lo temporal, si bien es infinito, su orden se encuentra en su linealidad. Bajo el manto temporal uno nace y muere, lo nuevo se hace viejo y el presente se transforma en futuro, siguiendo una recta constante, imparable y homogénea. Esta línea la podemos encontrar en todo, no existe aquello en nuestra percepción de la realidad que escape a la temporalidad.
El espacio a su vez afecta al individuo. Es mediante la apreciación del área que abarca uno en el espacio infinito que la mente registra su existencia. A diferencia del tiempo, el espacio no es lineal. Siendo el espacio una evidencia de la existencia del individuo pasa también a permitir la flexibilidad de este. Nos rodea como una esfera infinita de posibilidad. El espacio es personal porque en él logramos aquello que anhelamos desde un principio como individuo libre. Logramos poder decidir entre una eternidad de posibilidades el rumbo de nuestra existencia.
Uno ancla al otro. Es un choque equilibrado de aquello que nos brinda libertad y aquello que nos mantiene estático, que hoy concebimos como “tiempo”:
¿Qué pasaría si a esta fórmula le quitáramos la variable temporal y nos quedáramos solo con el espacio?
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