sábado, 30 de julio de 2011

T&E

En la cultura que hoy denominamos occidental el concepto del tiempo se ha establecido como estructura que rige nuestras vidas, es fijo, es incambiable. Un pilar en nuestra sociedad que no permite variación y ata a todos hacia él. Es la causa y también el efecto. Es irrompible porque se regenera. El tiempo crea tiempo porque es infinito. La irrefutabilidad del paradigma temporal de nuestra cultura se debe a que, en términos generales, este concepto es una construcción bilateral de dos ejes, el espacio y el tiempo como unidad individual. Uno se apoya en otro y amalgamados constituyen aquella aura que nos mantiene estáticos en un mismo lugar, guiando nuestras acciones y nuestros pensamientos. Ambos ejes deben convivir y explicarse uno al otro porque por si solos se caen. Juntos abarcan dos áreas necesarias para su comprensión social. Lo temporal alimenta la necesidad de un orden general y lo espacial una necesidad interna de cada individuo para corroborar su existencia.

En cuanto a lo temporal, si bien es infinito, su orden se encuentra en su linealidad. Bajo el manto temporal uno nace y muere, lo nuevo se hace viejo y el presente se transforma en futuro, siguiendo una recta constante, imparable y homogénea. Esta línea la podemos encontrar en todo, no existe aquello en nuestra percepción de la realidad que escape a la temporalidad.

El espacio a su vez afecta al individuo. Es mediante la apreciación del área que abarca uno en el espacio infinito que la mente registra su existencia. A diferencia del tiempo, el espacio no es lineal. Siendo el espacio una evidencia de la existencia del individuo pasa también a permitir la flexibilidad de este. Nos rodea como una esfera infinita de posibilidad. El espacio es personal porque en él logramos aquello que anhelamos desde un principio como individuo libre. Logramos poder decidir entre una eternidad de posibilidades el rumbo de nuestra existencia.

Uno ancla al otro. Es un choque equilibrado de aquello que nos brinda libertad y aquello que nos mantiene estático, que hoy concebimos como “tiempo”:

¿Qué pasaría si a esta fórmula le quitáramos la variable temporal y nos quedáramos solo con el espacio?

Un Sabio de Otro Planeta (Tiempo y Espacio)

Caminan entre nosotros con sus extrañas filosofías. Estos extraños seres de otro mundo. Comenzamos a aprender su lengua. Uno de ellos ya habla la nuestra asique dejamos de aprender. Estamos extáticos. Nos compenetramos en filosofar con el sabio.

¿Pero qué es este nuevo concepto de tiempo? El nos desea mostrar. Nos regala un aparato llamado reloj. Nos muestra como la aguja larga se mueve en círculos y como la chica se mueve más despacio. Vemos como una aguja va más rápida que la otra. Esto lo vemos, ¿Pero qué tiene que ver con tiempo? Nos dice que las agujas miden tiempo. Cuando una aguja se mueve una cierta distancia, una cierta cantidad de tiempo es medido. Tiempo, acordamos, es movimiento. Estamos contentos. Hemos aprendido tiempo.

Pero el no está satisfecho con nuestra conclusión. Tiempo es más que el movimiento de las pequeñas agujas en círculos. Hay un gran misterio acá. ¿No percibimos entonces que un evento sigue a otro en secuencia? Sí, claro que sí. Tiempo es el intervalo que separa dos eventos. Ah, entonces. Un intervalo es espacio, y eso si lo entendemos. Pero nuevamente nos indica que hemos fallado en captar el concepto. Que es aun más complejo. Tiempo, el dice, es la existencia que pasa entre dos eventos. Escuchamos atentos, es evidente que sus palabras están llenas de significado latente.

El maestro filósofo recurre a ejemplos. ¿No hemos nacido? Pregunta. Admitimos que si, nacemos. ¿Y no morimos? Si lo hacemos y solo una vez. Tiempo, explica, pasa desde el nacimiento a la muerte. Para estas alturas no asumimos tan rápidamente que hemos adquirido su conocimiento. ¿Es tiempo entonces vida? Preguntamos. Esto no lo complace. Le gustaría preguntarnos, nos explica, sobre otros tiempos, pero si no podemos pensar en términos de tiempo, no puede. Esto lo entendemos. Nosotros no podemos hablar de tiempo si ignoramos su filosofía. Los extraños se marchan. Estamos entristecidos. Siempre estamos entristecidos cuando extraños de otros planetas se marchan.

"i"

Fui hasta la luna y volví

No pasó nada en el viaje, ni allí

Todo sucedió dentro de mí

En ese momento que vi

Que estaba lejos de ti.